Martín Torres, una vida entre diamantes y nuevas generaciones
Ciudad Mendoza, Ver.- El eco de una pelota golpeando un bat marcó para siempre el rumbo de Martín Torres Gómez. Originario de El Tejar, en el municipio de Medellín de Bravo, jamás imaginó que aquel sonido que un día lo sacó de la rutina del trabajo con su padre en una ladrillera lo llevaría a entregarle más de medio siglo de vida al béisbol.
“Estaba con mi papá trabajando; hubo un paro y el presidente de entonces mandó cerrar todas las ladrilleras porque se estaba destruyendo el campo. Me fui al otro lado del pueblo, donde había cerros, y escuché el ruido de unos muchachos. Me llamaron, me acerqué y ahí comencé a jugar”, recuerda con la voz cargada de nostalgia.
Ese primer encuentro fue decisivo. En la escuela donde entrenaban comenzó a destacar, y a los 18 años descubrió que el béisbol no solo era un pasatiempo: también le abría puertas. Gracias a él consiguió empleos en una empresa refresquera y en la Comisión Federal de Electricidad, mientras su nombre se hacía conocido en el ámbito local.
Pero el destino también juega sus propios partidos. El “gusano del béisbol”, como él mismo llama a la pasión por seguir en el campo a pesar de las lesiones, le pasó factura: un daño en el hombro izquierdo lo obligó a dejar de jugar formalmente a los 30 años. Aun así, se resistió a colgar el guante y durante dos años más lanzó como pitcher, aunque ya sin la misma fuerza.
El camino lo llevó hasta Camerino Z. Mendoza. Con el apoyo de un amigo, se incorporó a los Gallos de Santa Rosa como coach, y este mes cumplirá 19 años radicando en la ciudad. En 2006 formó parte del cuerpo técnico de los Gallos junto a Ramón Montoya y Julián Yam, siendo parte fundamental en la formación de jóvenes que hoy son referentes del béisbol regional.
“He tenido la fortuna de ver cosas hermosas que ocurren en el campo, muchas leyendas y próximamente otro juego importante donde llega una selección conformada por los mejores de la región. Es bonito seguirse mezclando en ello y, mientras Dios me dé vida, seguiré en un campo de béisbol”, afirma convencido.
Para Martín, el diamante fue mucho más que un espacio de juego: fue una segunda familia. Aunque sus dos hijos no siguieron sus pasos —uno en el fútbol y otro en el ámbito profesional—, el coach encontró en el béisbol amistades entrañables y una comunidad que lo arropa.
También se convirtió en ampáyer, recorriendo municipios de la zona de las Altas Montañas. Descubrió así que Acultzingo y otras localidades guardan un fuerte arraigo beisbolero, tan intenso como el suyo.
De 2006 a 2016 dirigió a los Gallos de Mendoza, y aunque este domingo debutará una nueva generación con el mismo nombre, Martín lo celebra como un triunfo personal: a sus 65 años, constata que la pasión por el béisbol se mantiene viva entre los jóvenes.
“La tecnología para la vida cotidiana es importante, pero el deporte es satisfacción. Aunque hay interés y facultades, el ocio, la indisciplina y los vicios llegan a absorber a muchos jóvenes”, reflexiona, con la certeza de que aún tiene mucho por enseñar.
Martín Torres es, sin duda, un hombre que encontró en el diamante no solo su lugar en el mundo, sino también el camino para sembrar en otros la semilla de la pasión por el béisbol.
